Asi como quién no quiere la cosa...
Mentira, sí quise.
(Detesto cuando digo "cuando uno va..." como si ese uno me representara y representara a todos aquellos a los que apunta representar... pero si, siempre lo digo)
Y sí, sí lo quise, o no sé si lo quise, pero se dio.
Pero nunca no quise. Nunca lo pensé.
O quizás sí, pero ya lo olvidé.
Decía, como seguí así, así sin darme cuenta, este lugar (desde hoy vamos a intentar borrar la palabra blog, ya me cae para el orto y la vamos a reemplazar por ese "lugar") cumplió un año y casi un mes.
No sé en qué estaba pensando.
Ni cuando lo abrí (no sé cuál es el verbo correcto) ni cuando cumplió un año.
Ahora sí sé lo que estoy pensando.
(Estoy pensando que lo estoy pensando y que debería estar pensando en otra cosa)
La cosa (otro sustantivo para reemplazar blog) empezó con esta viñeta de Tute.

Y supongo, pienso, sí, pienso, tendrá que ver con todo esto.
¿Cuál todo?
Nos apropiamos la idea de Tute para relacionar el comienzo de aquello con ésto, con el presente, que sigue siendo lo mismo: un comienzo.
Esto nunca arrancó.
Tampoco que tengo algo más para dar.
Soy un comienzo y un final, juntos. No tengo desarrollo (ni rollos).
No esperes que me ponga a llorar ni que haga un raconto de lo que pasó entre aquel día y éste.
No.
Quizás esté llorando y vos no te das cuenta.
Pero no.
Si escribo "estoy emocionado" ¿me vas a creer?
Espero que no.
Si queres emocionarte, voy a patearte.
Arte, arte, arte.
No tengo nada que decir, sin embargo sigo diciendo (que no tengo nada que decir)
Me gusta decir "sin embargo".
Porque no tengo embargos. No me meto en deudas.
Y si pensas que sin emoción estoy en deuda con vos, cagate, voy a patearte.